No se muere de amor, se muere de apego

Actualizado: jul 17


"Si tú no vuelves,

no habrá esperanza

ni habrá nada,

caminaré sin ti

con mi tristeza bebiendo lluvia".

° Miguel Bosé


“Muero de amor, amigo; muero lentamente del dolor que me produce la ruptura. La/lo necesito para vivir”.


Cuando lo lees o lo vives externamente, parece exagerado; pero cuando estás ahí, el dolor es real. Verdaderamente se siente morir de amor. ¿Pero el amor mata? Si el amor matara, entonces significa que es cercano al dolor y al sufrimiento.


No puedo evitar pensar en cuántas personas creen que el amor es sinónimo de sufrimiento. Lo hemos aprendido de la cultura, donde quien ama es capaz de sacrificar, incluso, su propia vida, sus deseos, sus ilusiones, sus metas, sus anhelos. El máximo ejemplo de amor (de esta percepción) es la madre - o el padre, en algunas ocasiones - abnegada que es capaz de dar todo de sí, en pro del bienestar de sus hijos e hijas, incluso de aguantar vejaciones.

Lo tenemos tan grabado en nuestra alma y nuestra mente, que admirábamos a las protagonistas de las telenovelas, que eran capaces de soportar todo, porque al final, se les iba a recompensar todas las lágrimas. “El amor requiere ser forjado con el dolor para sacar a relucir el oro escondido”. Y esto, en parte, explica el aferrarse a relaciones que únicamente nos hacen daño, con la creencia y esperanza de que, un día, la vida nos compensará todas las lágrimas y el dolor.


Pero no es la única agravante aprendida. Crecimos con la idea de estar incompletas o incompletos, con la “necesidad” de encontrar a nuestra media naranja, toronja o ya de perdido, a una media sandía. Creímos en la historia del único y verdadero amor, de los corazones y las almas conectadas por un hilo rojo, por la eternidad o por el destino. Esta percepción nos ha llevado a mendigar amor, buscando quien nos dé aquello que creemos que nos hace falta.


Pero, una de las ideas más dañinas es el creer que la otra persona, la pareja, debe ser la principal fuente de bienestar y felicidad de la persona. Una carga sumamente pesada, ¿no creen? Esto crea muchas, ¡demasiadas!, expectativas sobre los hombros de quien nos acompaña en este caminar. Creencias como: la pareja debe ser la prioridad, u ocupar la mayor parte de su tiempo y sus pensamientos, dejando con ello otras áreas de la vida cotidiana. Esperar que la pareja sepa con prontitud aquello que deseamos o creemos que necesitamos, “porque el verdadero amor no necesita palabras”.


Anhelamos ser cuidados/as, protegidos/as, amados/as, porque bien dicen que no es lo mismo hacerlo por nosotros o nosotros mismas. Se dice que nada se compara a que alguien más lo haga. ¡Claro! Porque así ya no cargamos con esa enorme responsabilidad.


Luego, luego, andan confundiendo el amor propio con el egoísmo: “es que eres muy exigente”. Ahora platicamos de esto.

Se cree que el amor se da de forma espontánea, “natural”. “Es que nadie decide a quien amar”, dicen por ahí. Mi mente me dice que no, pero mi corazón me dice que si. A mí eso me suena a falta de entrenamiento emocional. Hay que educarnos y educar a nuestra mente y nuestras emociones, Si se siente, dicen, es amor. Por eso luego se cree que el amor se acaba, se apaga, se esfuma, se desgasta. Me atrevo a decir que si se pierde, quizás, no fue amor.


El amor, definitivamente, no es una emoción. Éste es uno de los más grandes errores que cometemos al conceptualizarlo. Si el amor es un sentimiento, entonces es pasajero, y se esfuma con facilidad. Por ello buscamos sentir y nos quejamos y sufrimos cuando la pareja ya no nos produce el mismo sentimiento de antaño. El fuego se ha apagado.


Tantos y tantos errores que sólo producen sufrimiento, amargura, dolor, "muerte".


La prioridad ha de ser una/o mismo. Pero nos enseñaron que eso está mal, que es incorrecto, que es egoísta y pretencioso. Ponernos como prioridad, dicen, es una ofensa a una cultura que nos desea dependientes.


¿Puedes acaso imaginar la libertad que hay en alguien que ha aprendido a ser feliz por sí misma/o? ¿A alguien que no necesita estar mendigando afecto ni atención ni tiempo ni nada, porque se sabe completa/o? ¿Imaginas, siquiera, la plenitud de aquella persona que no es dominada por las emociones que la llevan de allá para acá?


Considero que uno de los más grandes errores del apego (confundido por amor) es el depositar en una sola persona toda la felicidad, bienestar, la plenitud. En realidad, cómo personas, tenemos muy diversas áreas: personal, familiar, física, social, intelectual, entre otras, y cada una de éstas construirán pilares que nos ayudarán a estar bien. ¿Pero qué sucede cuando cometemos el error de dejar que el área de pareja cargue con todo ello? Si falla (que fallará), caemos completas/os y por ello sufrimos.


No se sufre por la pérdida en sí, sino por el error de haber depositado en una sola persona toda la felicidad, la plenitud, el amor (incluyendo al propio). Sufrimos porque creemos que hemos perdido todo, que no nos ha quedado nada. Sufrimos porque nos centramos en lo perdido, y por la errónea creencia (mencionada antes), que sólo existe un verdadero o único amor. Nos aferramos, aún a costa de nuestro bienestar. Sufrimos porque una vez perdido el "amor", será casi imposible volver a vivirlo.

Pero, déjame decirte, querida lectora, querido lector, que el amor no duele. Quiero que, en verdad, esta frase te la grabes en la mente y en el corazón: EL AMOR NO DUELE. Lo que duele es el apego, la falta de amor propio, el ego, la codependencia, la violencia, el aferrarse a alguien; eso es lo que en verdad duele.


El amor pleno es libre y, al mismo tiempo, corresponsable; es no dependiente y, consciente de la interdependencia de la existencia misma; disfruta con plenitud del aquí y el ahora, sabedor que un día la persona ya no estará; prioriza el bienestar personal, sin dañar a los demás seres.


Hay que ser conscientes que para alcanzar este grado de realización se necesita de práctica, práctica, práctica. Ya lo dijo Erich Fromm: "el amor es arte", y todo arte necesita dedicación. Si dejamos que el amor sea "espontáneo", es probable que sea "salvaje", pero al mismo tiempo condicionado a lo irracional y cambiante a las emociones.


Recuerda siempre esta frase: "El principio del amor, es el amor propio". Si te amas, podrás amar con plenitud.

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C. 8A # 346 entre 31A y 31B

San Esteban - Mérida, Yucatán

  • Psicólogo Edgardo Flores
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