Expectativas


¿Te pasa que vives con muchísimo enojo, frustración, decepción y/o tristeza en tu día a día? Supongo que, en algún momento has intentado cambiar esto que sientes, pero te ha sido muy difícil. Sé que deseas controlar lo que sientes, o, quizás, que sean las circunstancias las que cambien para poder sentirte mejor, ¿no es así?


Al final terminas, también, muy frustrado, porque no logras evitar sentir eso, y contribuye aún más a tu malestar. Pues bien, me gustaría compartirte que uno de los posibles orígenes de esas emociones son las EXPECTATIVAS. Esperar algo que, al final, no sucede tal y como lo habías imaginado, sea ya de una persona o alguna circunstancia.


Como humanos que somos, es natural hacer alguna proyección sobre lo que deseamos que ocurra. Eso es normal. El detalle importante está en aferrarnos a ese deseo y no considerar que existen otras posibilidades.


Si analizamos objetivamente la vida, nos podremos dar cuenta que para que algo ocurra, coinciden muchas y muy diversas variables, y si alguna de estas variables cambia o es distinta, seguramente el resultado será diferente.


Las expectativas nos llevan a creer que algo va a ocurrir de una determinada manera, y si no ocurre como tal, está mal, es incorrecto, y eso, claro, nos generará un disgusto, enfado y otras emociones relacionadas. Y, desde esa perspectiva, lo que ha sucedido nos “echará” a perder un estado de bienestar, y es cuando hacemos afirmaciones tales como: “por tu culpa esto o aquello, o por culpa de tal persona, o por culpa de tal circunstancia”.


Por otro lado, también las expectativas están asociadas a deseos de control: creemos que en nuestras manos está la COMPLETA posibilidad de que algo ocurra de una determinada manera, y nos lleva a un pensamiento rígido, que nos lleva a sentirnos mal o culpables de que algo salga diferente a como lo habíamos proyectado.

Pues bien, sea una situación o la otra, nos generará malestar y sufrimiento.

¿Es posible vivir sin expectativas? Sí, porque al final éstas son producto de nuestra mente, aunque claro, se requiere de mucho trabajo interno. Pero, mientras eso llega, un primer paso importante es ser conscientes de esas expectativas, ya que, al menos podremos adelantarnos a las emociones que pudiera provocar.


Nuestra mente es como un vaso con agua clara, pero que tiene arena. Cuando algo nos perturba, esta arena no impedirá ver a través del vaso, perdemos claridad. Por ello, se considera que un primer paso es llevar a nuestra mente a un estado en calma, para que, en un inicio, esa arena se mantenga en el fondo y no perdamos la visión; sin embargo, dado que la arena aún sigue ahí, en cualquier momento de perturbación fuerte, volveremos a ver las cosas distorsionadas. Ése será un próximo reto: retirar la arena, es decir, las expectativas de nuestra mente.


Por el momento, te comparto algunas ideas que deberás profundizar para evitar que estas expectativas te sigan generando emociones negativas y malestares en tu vida cotidiana.


1. Cada persona es diferente, por lo tanto, es muy probable que no piensen, sientan o actúen como nosotros pensamos, sentimos o actuamos.

2. No hay problema por tener expectativas, pero debo considerar que eso que espero que suceda es sólo una posibilidad, dentro de todas las posibilidades.


3. Sé y soy consciente de que, aunque deseo que algo suceda tal y como yo quiero, hay muchas situaciones que están fuera de mi control, por lo que es probable que no salga como yo lo deseo,


4. Existe una posibilidad de que aquello que estoy suponiendo sea tan sólo producto de mi mente, lo mejor será preguntar y tener la certeza.


5. Lo que sucede no es un castigo, sino son consecuencias de aquellas acciones que he realizado. Si hoy estoy obteniendo resultados negativos, quizás deba mejorar en mí ciertos aspectos para obtener emociones más positivas.


Si nos permitimos reflexionar y profundizar en estas ideas, poco a poco, evitaremos que las expectativas se aniden en nuestros pensamientos y nos generen emociones negativas que sólo perturban nuestra visión objetiva de la realidad.

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San Esteban - Mérida, Yucatán

  • Psicólogo Edgardo Flores
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