El hombre no debe ayudar en casa


Hace algún tiempo, escribí una entrada en Facebook con el mismo título, y desde hace algunos meses he pensado en escribir una reflexión sobre eso mismo que compartí tiempo atrás: el hombre no debe ayudar en casa ni con los niños.


Había pensado en este título porque, de un inicio, es polémico, y confuso, pero que tiene toda una perspectiva basada en la igualdad y la equidad entre el hombre y la mujer.


Por cientos de años, y basados en una interpretación y creación cultural, las labores del hogar y el cuidado y educación de los hijos se impuso a la mujer, a la cual, por verla más débil que el hombre, fue relegada de la mismísima historia de la humanidad.


Esta pobre visión del valor de la mujer impidió que ésta pudiera alcanzar ciertos estatus, títulos o espacios, alegando que estaban destinados, únicamente, para el hombre. Afortunadamente, con el paso del tiempo, y de las ideas, la mujer ha logrado romper con muchos esquemas arcaicos e injustos que enfatizan en que ella debe permanecer relegada a un segundo plano, siempre, detrás de un hombre.


Hoy la mujer ocupa espacios más visibles y es reconocida por sus capacidades y no únicamente por cuestiones superfluas, estéticas o afectivas, pero aún falta mucho para alcanzar una verdadera igualdad y equidad.


Y uno de esos espacios donde más hincapié hay que poner es el hogar, donde se generan las primeras impresiones y los primeros espacios educativos de tantas niñas y niños.


Tradicionalmente, se ha afirmado que la mujer es la responsable de las cuestiones del hogar y el hombre de ser el proveedor. Por ello, a la mujer se le educaba, desde pequeña, en habilidades como la limpieza, el orden, el cuidado, la afectividad, la sumisión, la estética, etcétera. Mientras que al hombre se le incentivaba lo relacionado a la fuerza, al poder, a la aventura, el atrevimiento, el poder. Al final, cuestiones culturales enseñadas, no surgidas de lo biológico ni lo genético ni lo hormonal.


Recuerdo, hace algunos años, en los tiempos de estudiante universitario, que se hablaba de una crisis de la masculinidad, producto del empoderamiento de las mujeres; es decir, el hombre ya no se sentía hombre, porque la mujer estaba ocupando espacios en los que antes no entraba y estaba desarrollando capacidades que la hacían independiente.


Surgió, por esa misma época, el hombre metrosexual, ¿lo recuerdan? Un hombre que se preocupaba por lo estético, por la moda, el autocuidado. ¿Y rememoran qué se decía de ellos? ¡Uy! Eran el hazmerreir de toda la comunidad de machos. Fue uno de los primeros paradigmas que rompían con el estereotipo machista de hombre.


Han sido años duros para el desarrollo de una igualdad y equidad entre hombres y mujeres, pero se han dado avances significativos. Aún falta infinidad de acciones, y para ello se necesita de todas y de todos.


Bueno, regresando al título de esta reflexión: el hombre no debe ayudar en casa; lo expreso, porque enfatizar que lo que el hombre realiza en el hogar y con los niños es ayuda, es seguir perpetuando la idea de que esas responsabilidades son de la mujer de forma exclusiva, y que el varón, ayuda, colabora... siempre y cuando se sienta con el deseo, y al que, después, habría que agradecerlo.


¡No, no, no y no! No es ayuda. El hombre es CORRESPONSABLE, dentro de una relación, de todo, incluyendo lo relacionado a los hijos y la casa. ¡Basta ya de seguir afirmando que es una obligación o responsabilidad de la mujer! No es obligación de la mujer saber cocinar. No es obligación de la mujer planchar la ropa de todas y todos. No es obligación de la mujer tener arreglada la casa. No es obligación de la mujer brindar afecto a las hijas e hijos. No es obligación de la mujer administrar las cosas del hogar. No es obligación de la mujer velar por la educación de las niñas y niños. Y, no se confundan, no estoy afirmando que se exima de una responsabilidad, cuando ésta se ha adquirido, me refiero a que no es una obligación, sino una decisión, y decisión compartida. Claro, que también se aplica en el sentido inverso.


Así que, si en un futuro, escuchan a alguien decir, "ay, es que es tan bueno, porque me/le ayuda en casa y/o con los niños", corrijan, aunque les vean feo. No, no es ayuda, es ser corresponsable, dado que todo es compartido.


¿Y tú qué opinas de esto? Les leo.

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  • Psicólogo Edgardo Flores
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