El camino hacia la felicidad

"La felicidad no es la meta. La felicidad es el camino".

- Siddhartha Gautama

Ayer 20 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Felicidad, y me ha servido para estar pensando en diversas ideas que están relacionadas con la felicidad.


En primer lugar, el cuestionamiento ante la pregunta sobre qué es la felicidad y, segundo, el dónde encontrarla.


Sobre la felicidad se ha dicho mucho. Justo ayer, en una clase de cierre de una materia que estoy impartiendo, les preguntaba a las alumnas y alumnos qué es la felicidad, y algunos de ellos respondían que era un sentimiento, que era bienestar, placer, satisfacción por alcanzar una meta, y yo cuestionaba si cada una de esas experiencias podrían ser duraderas. La respuesta siempre fue no.


Ante la pregunta de dónde encontrarla, también hay infinidad de respuestas. Algunas personas podrán afirmar que está en aprender a disfrutar las pequeñas cosas, en las experiencias de unión y vínculo con la familia o las y los amigos, o incluso, en el interior de nuestro ser. Entonces eso significaría que nuestra vida se funda en la búsqueda de esa felicidad, una felicidad que pareciera estar ahí, oculta, esperando ser hallada.


Algo que he aprendido a lo largo de estos últimos meses es que existe una realidad que aplica a todo ser sintiente: el deseo de ser feliz y no sufrir. Sin embargo, dicho deseo se ve coartado por la insatisfacción constante que nos produce la existencia: el hambre, la enfermedad y la muerte. Pareciera, ante estos fenómenos que la vida está llena de sufrimiento.


Entonces, ya que el sufrimiento estaría siempre presente, habríamos que conformarnos con momentos de felicidad perecederos. ¿Es eso la felicidad?


Si la felicidad tuviera una condicionante, es decir, dependiera de ciertas experiencias o ciertas cosas, eso tendría que significar que toda aquella persona que viva esa experiencia o logre adquirir dichas cosas tendría que ser feliz, y toda aquella que no, habría de sufrir. Sin embargo, podemos darnos cuenta, con suma facilidad, que esta condición no es totalmente cierta. ¿De qué depende la felicidad?


Pues, bien, hoy por hoy, estoy convencido que la felicidad no es algo que se encuentre, sino que se construye, ¿pero dónde? En nuestra mente. Si nos enfocamos en hacer una mente que sea capaz de mantener la paz y la calma, independientemente de las situaciones que se viven en la vida (hambre, enfermedad o muerte, como las más significativas), entonces, podremos aspirar a una vida que sea feliz.


Pero, hay que ser realistas, esto no se da de la noche a la mañana ni de un día para otro. Es importante el conocimiento que me guíe por ese sendero, la convicción de seguir ese sendero, la determinación de liberarse del sufrimiento y alcanzar la felicidad, realizar las acciones que nos acerquen a este tipo de vida y el esfuerzo diario por hacerlo. Y tal como dijo el Buda histórico, al final la felicidad no será la meta, sino el camino de construir una vida mucho más plena, mucho más en paz, mucho más consciente, mucho más en calma.


No quiero dejar de mencionar que vivimos en un entorno que nos ha dicho que esto es utópico e imposible, porque hay una cultura que nos enseña que el sufrimiento es necesario, pero, trabajar para alcanzar esta felicidad no es olvidarnos de la existencia de los cambios que se presenta en la vida, sino es mantener una vida en paz ante esto que se presenta, de forma inevitable.


Ésa es la felicidad que anhelo que todas y todos vivamos.


Para conocer más sobre este enfoque de la felicidad, les recomiendo un par de libros:

- El arte de la felicidad del Dalai Lama con Howard C. Cutler

- En defensa de la felicidad de Matthieu Ricard

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